domingo, 31 de enero de 2010

A ojos cerrados - Reflejos en la oscuridad

A ojos cerrados




Otra vez tuve miedo al caminar con los ojos cerrados. Perdí mi centro. Dejé de conectarme con el piso. Mi cuerpo se resistía a avanzar. Mi mente solo pensaba en mis miedos. Los miedos solo comprimían el espacio y era absurdo chocar en un espacio tan amplio y tan vacío. Me guiaba una persona, pero estaba tan concentrado en mis miedos que dejé de confiar en la persona que me guiaba. La sentía lejana. Del miedo, le di mi peso y eso hacía que se alejara. Sentí que luchaba conmigo. Me costaba saber cómo y hacia dónde moverme. Sentía que repetía los mismos movimientos a los cuales ya estaba acostumbrado. Sentí mareos. Mi cuerpo buscaba el piso. Me costaba mantener la cabeza de frente.



Creo que ahora entiendo porque cuando cierras los ojos las personas tienden a agachar la cabeza. Mantener la cabeza de frente sin nada que ver, más que los destellos de las luces o las sombras, es una sensación totalmente fuera de lo común sobretodo si estás corriendo o dando vueltas por el espacio junto a otras personas. El miedo a chocar o a pisar mal cubrió mis pensamientos, malos pensamientos me dijo mi maestrita, porque así choque o me caiga el cuerpo se amolda y sigue, ya lo he hecho con los ojos abiertos, ¿por qué no intentarlo con los ojos cerrados?


Pensé en cómo se movería un ciego. Agudicé el oído. Pero tantas vueltas marearon mi oído.



Pensé en cómo se movería un sordo, alguien que no puede escuchar ni su propia voz. ¿Cómo se orienta una persona así en el espacio? Por el oído puedes sentir el viento e incluso el aire que deja alguien al pasar o la densidad del aire que junto al tacto te ayuda a sentir la cercanía de una pared o la presencia de alguien. Sin el oído solo tienes el tacto y entonces sueles estirar los brazos tratando de que las manos te salven.



No es fácil moverse en la oscuridad. Creo que ahora admiro más a los ciegos que han encontrado el camino.
 

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Reflejos en la oscuridad

La mirada camina por la ciudad buscando lo que busco
pero mi cabeza no está allí
en cuanto cierro los ojos
solo encuentro mis propios miedos
y sin querer me doy cuenta
que busco lo que más temo



Cuando abro los ojos
mis pensamientos han cesado.



Respiro
y un hermoso sonido sale a mi encuentro...



¿Que voces escuchará aquel que no puede oír ni su propia voz?
¿Qué luces sentirá aquel que ha sido privado de la vista?



Para aquellos que caminan en la oscuridad
encuentren un reflejo que les permita iluminar sus voces
y encontrar la luz.



Para aquellos que escuchan el silencio y han visto al ave.

Para ellos van estas palabras.
 
Christian
 
Fuente: Blog Escritos para Despertar

miércoles, 27 de enero de 2010

"Bienvenido Pelonguini"

Hola Estimados Bloggeros de "Arte y discapacidad"


Agradezco tan pomposa bienvenida que sinceramente no merezco ,y por eso mismo, me hace sentir mejor. Haré lo posible para que mi biensalida o despedida, sea igual o tan alegórica como el gran recibimiento dado; de eso, solo el tiempo, no podrá saberlo.


Liebi moi describió muchas cosas sobre mi, pienso que para seguir sintiéndonos bien tenemos que creerle.


Con respecto a mi participación como colaborador de este Blog, tiene mucho de responsabilidad para mi, por manejar temas tan delicados como la discapacidad, que en el ámbito del arte no encuentra limitaciones, siempre que haya una posibilidad o un renacimiento de la voluntad hasta que se haga ocupación.


"El artista discapacitado tiene al arte como oficio y no como ocio, que conmueve tanto la incapacidad del capacitado ocioso"


Muy agradecido por todo, hasta una próxima novedad.. se despide un nuevo amigo ocioso.



Pelonguini

martes, 26 de enero de 2010

"Conferencia sobre la ceguera"

El mundo del ciego no es la noche que la gente supone..

..Que murieron Ciegos, ciegos , sonrientes y valerosos

se heredan muchas cosas pero no se hereda el valor...

Borges recuerda que Steiner sentenció: “Si algo se acaba, debemos pensar que algo empieza”.

Ya que he perdido el querido mundo de las apariencias,debo crear otra cosa,yo tengo que crear lo que sucede al mundo visible que he perdido.

El estudio del Anglosajón, al cual fui llevado por la ceguera..

Es decir que la ceguera no ha sido para mi una desdicha total y yo creo que la ceguera no debe verse con patetisto , debe verse como un modo de vida ,es uno de los estilos de vida del hombre,ser ciego es como no serlo , es un modo de vida , tiene también sus ventajas, le debo a la sombra muchas cosas....


Conferencia Dictada por Borges en agosto de 1977





Imprescindible conferencia para este espacio.



lunes, 25 de enero de 2010

¡BIENVENIDO PELONGUINI!

...

Estoy orgullosa de tener a partir de hoy a una persona muy especial como colaborador de este su Blog de Arte y Discapacidad, se trata de alguien que ha recorrido las artes y las letras, siempre muy fiel a si mismo. Lo que le da una mística especial a cada obra suya.

Ya hemos contemplado con gusto sus Tercianas Oníricas y con el tiempo iremos exponiendo otras creaciones suyas...no menos cautivantes que aquella!

Pero su talento no se reduce a las artes plásticas! Sino que también ha explorado los campos de la literatura... y de cierta disciplina japonesa, que por los años de práctica, lo han perfilado en su esencia.

Su obra literaria, hasta el momento inédita, posee un estilo espontaneo, a veces desenfadado, dinámico fresco..muy agil..que te mantiene atento hasta el punto final.

Amigos,
visitantes casuales y asiduos, 
estamos refiriendonos a Pelonguini,
desde hoy nuestro colaborador,
aquien con estas lineas queremos agradecer de corazón, por aceptar nuestra invitación.



OTRA VEZ


¡ BIENVENIDO PELONGUINI !


martes, 12 de enero de 2010

Aproximación subjetivísima a "Terciadas Oníricas" - arte y poesía


..


...
"Cuando una lucha perpetua en el sueño no deja las cosas en su lugar, provoca en el individuo de vigilia una terciana que solo piensa abrigar en fetal desde un rincon del edificio..."
Pelonguini








Aproximación subjetivísima a
TERCIANAS ONIRICAS de PELONGUINI.




Al Individuo Insomne que yace en el lecho:


Tercianas Oníricas
me conecta con algo que "hace doler el cuore",
cuando se ve en un hombre.


Las "marcas de una ausencia" en la piel, en la mente...
En la mente que busca el descanso en un sueño que no llega.
En un frio que va dejando caer,
capa a capa la memoria de todo lo vivido hasta quedar...
como antes del primer día.


Y el frio un deseo de olvidos...
y la piel ante ellos, cerrando sus poros.
Y las capas de la memoria escurriéndose
cual tejidos desnudando al verdadero dolor,
al dolor del dolor mismo,
a la marca de una ausencia que se resiste a ser olvidada...
como la piel que se resiste
a dejar escapar su fuego interior
cerrando sus poros.


A veces La Jaula Imposible
la llevamos
en la piel
o en la mente
cuando nos atraganta con todo lo que sentimos.


Comenta Nix, Cautiva desde su Jaula Imposible




****


Fantasía que provoca

Quiza el "frio que busca" es por "deseo del calor que espera"
Espera renacer junto al calor de un cuerpo entrelazado al suyo.
Un cuerpo que esta vez no se esfume,
como se esfuma aquella dama, una y otra vez en sueños,
y que deja en prueba de su existencia,
el vestido que cubría su piel desnuda.


LiebiMoi



Si deseas descargar el video, puedes hacerlo aqui


Para ver más obras de Pelonguini aqui

jueves, 7 de enero de 2010

Cine y empatía II

¿Qué es empatía?
Se debe a Theodor Lipps la formulación clásica del concepto. Así, el término “Einfühlung” (“sentir en”) apareció por vez primera en su obra Estética (1907), donde era definido como un proceso de imitación interna, de naturaleza involuntaria, por el que un sujeto se identifica con la existencia de otro cuerpo a través del sentimiento.

Es de notar que la visión de Lipps de la empatía era estética, ya que, según él, el proceso de identidad aludido tendría lugar, sobre todo, entre un sujeto y un objeto, y no sólo entre dos seres humanos. Años más tarde, Vernon Lee lo expresaría de esta elegante manera: “El placer del arte es un goce de nuestra propia actividad en un objeto” (Lo bello, 1913). Recuérdese, a este respecto, el instante de unión que ocurre entre la obra de arte admirada y quien la admira.

En resumen, para Lipps la empatía vendría a ser una condición estética porque dota al individuo de un acceso instantáneo a la belleza. Edmund Husserl, sin embargo, lograría una versión mucho más depurada del concepto al entenderlo como aquella forma general en que todo hombre reconoce al otro. Siguiendo esta misma línea, su discípula Edith Stein, en su tesis doctoral Sobre el problema de la empatía (1916), la describe como un modo ciego de conocimiento que alcanza la existencia del otro sin poseerlo.

Si se admite este enfoque es, entonces, preciso distinguir la empatía de lo que Dilthey llamaba comprensión (Verstehen). Comprender es una función intelectual, un darse cuenta de los contenidos de la experiencia para situarlos después en su contexto. Supone, por tanto, un trabajo reflexivo que no puede ser reducido a una efusión especial del sentimiento.
En otras palabras, la comprensión sería una labor racional en tanto que la empatía responde, más bien, a una emoción anterior al pensamiento con la que cada uno de nosotros tiende a perderse a sí mismo en los demás. Esto último implica la capacidad de ponerse en el lugar del otro, la de compartir una idéntica pasión y la de vivir sufrimientos y alegrías que nos son, en principio, ajenas. Todo ello es empatía.

Sutura
Cuando alguien ve una película deja en suspenso su juicio de realidad y acepta lo que la pantalla le muestra de un modo natural. La mirada de la cámara se convierte en su propia mirada aunque los movimientos de aquélla cambien con brusquedad de escena o de personaje. Nada extraña al espectador, que no se pregunta por qué se han dispuesto así las imágenes o por qué se cuenta de esta manera la historia, antes bien, tiende a adoptar el punto de vista del narrador sin poner condición alguna.

El resultado es que va adquiriendo, a través de un proceso mental de imitación, las distintas visiones del mundo que los personajes muestran. Se trata de un fenómeno psicológico llamado “sutura”, descrito por el psicoanálisis de Lacan y empleado después por cierta crítica cinematográfica, inspirada en la semiótica, para explicar cómo se generan los significados de un filme en quien lo ve.

La palabra sutura, una metáfora tomada del mundo médico, señala que permanece el espectador “cosido” a la trama de imágenes sin poderse desprender de ella ni evitarla. Esto condiciona su forma de ver la película. La sutura permite al cine despertar emoción. Y es, en realidad, el mecanismo por el que una cinta conmueve al espectador. No es difícil percibir, entonces, su intensa relación con la empatía.

En ese sentido, tiene el cine el poder de crear sentimientos comunes en el público de una misma proyección, Este es, precisamente, el motivo de su uso político y mercantil. Ahora bien, sería más importante aplicar ese poder colectivo a una tarea de verdadero interés médico como lo es la enseñanza de la empatía.

Formación en empatía
La emoción puede aprenderse. De hecho, es la gran experiencia que adquirimos en la infancia. Así, todos somos conscientes del influjo educativo del ambiente familiar en el desarrollo personal y en la formación del carácter. Un requisito necesario para la actividad clínica es saber distinguir la enfermedad del enfermo, o sea, diferenciar el proceso morboso del ser humano que lo sufre. Y esto sólo es posible si somos capaces de entender al paciente. Entender a alguien supone captar sus emociones, sus sentimientos y los motivos de su conducta. En definitiva, ver el mundo con sus ojos. Justamente lo que la empatía logra.

La emoción, es cierto, no implica por fuerza que la comprensión se alcance, pero es el primer paso necesario para hacerlo; el camino que lleva a esa emoción a convertirse en idea, en reflexión, en pensamiento. De la empatía al conocimiento, éste sería el trayecto acertado.
Ver cine es comprender a través de los afectos y acercarnos a los demás por medio de la sutura. Ver cine en público nos hace compartir en la sala los mismos sentimientos por unos personajes. Ver cine, en suma, es entrenar la empatía, afinarla para detectar en la vida real la presencia emocional de los otros.

Por ello, esta potencia de imágenes compartidas podría constituirse en un aula abierta que nos sirva a los médicos para distinguir la biología de la persona o, lo que es lo mismo, la enfermedad del enfermo, y contribuir de este modo a una práctica más científica y más satisfactoria.

Medicina orientada al paciente
Se trataría, por tanto, de recuperar la enseñanza de una medicina orientada al paciente, considerando a éste un individuo y no sólo una abstracción. El cine facilita esa formación, nos ayuda a agudizar nuestra capacidad de observación y nos dispone hacia una presencia de ánimo cercano a la comprensión.

Sin embargo, también la empatía contiene sus trampas, la mayor de las cuales sería la falta de, al menos, una delgada distancia con el sufrimiento del otro. La suficiente para mantener una claridad necesaria de juicio que permita poderle ayudar. En la inclinación compasiva del médico acecha un riesgo seguro, el de que la identidad del paciente y la suya puedan llegarse a confundir. Por esa razón, se hace preciso educar la empatía, no sólo para estimular su presencia, sino también para ejercitar su contención y control.

Algunos autores piensan que es precisamente la simpatía (una forma atenuada de emoción empática) la actitud afectiva correcta del médico ante el enfermo, ya que de esta manera quedarían preservadas las identidades de ambos. Esto supondría, sin duda, un cambio en la relación terapéutica, el que va de “sentir con el otro” a “sentir por el otro”. Sin embargo, el desgaste emocional del médico sería menor y aumentaría además su tiempo para centrarse en los aspectos técnicos de la enfermedad.

Sea como fuere, en su forma plena –o mejor en su forma contenida–, no deberíamos olvidar la importancia de la empatía en la práctica diaria. Sobre todo, si recordamos que tiene por objeto la medicina el alivio del mal, y que este último sería, en palabras de Gilbert –uno de los psicólogos de los juicios de Nuremberg–, “la ausencia de empatía”.

“La capacidad de ponerse en el lugar del otro, la de compartir una idéntica pasión y la de vivir sufrimientos y alegrías que nos son, en principio, ajenas. Todo ello es empatía”.

Referentes cinematográficos Blade Runner, un clásico de la ciencia ficción Ridley Scott dirigió esta película de ciencia ficción, estrenada en 1982 y basada, aunque lejanamente, en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que con el tiempo se ha convertido en un clásico de la ciencia ficción. El guión fue escrito por Hampton Fancher y David Peoples y su reparto incluye a Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel y Joanna Cassidy. El diseñador principal fue Syd Mead y la música original fue compuesta por Vangelis.

Autor: Luis M. Iruela,Psiquiatra. Hospital Puerta de Hierro. Madrid

Fuente: http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=63047

Cine y empatía

Entender a alguien supone captar sus emociones, sus sentimientos y los motivos de su conducta. En definitiva, ver el mundo con sus ojos. Justamente lo que la empatía logra.

Por : Luis M. Iruela

Un requisito necesario para la actividad clínica es saber distinguir la enfermedad del enfermo. Y esto sólo es posible si somos capaces de entender al paciente. Entender a alguien supone captar sus emociones, sus sentimientos y los motivos de su conducta. En definitiva, ver el mundo con sus ojos. Justamente lo que la empatía logra.

Douglas Sirk, director de algunos de los más fulgurantes melodramas de la década de los cincuenta, afirmaba que el cine es, ante todo, emoción. Esta conexión inmediata entre el lenguaje de las imágenes y el mundo de los afectos convierte a aquél en una poderosa herramienta con la que puede el espectador aceptar emocionalmente el punto de vista de cada uno de los personajes de una película, es decir, lo convierte en un camino real para el ejercicio de la empatía, condición imprescindible esta última para la dotación profesional de todo médico clínico en nuestra sociedad del siglo XXI.

Pero, además, tiene el cine la virtud de transmitir ideas (“una imagen también puede ser una idea” –decía Paul Schrader–) y de plantear problemas teóricos con cierta oportunidad de manera accesible y atractiva para el gran público. Emoción y pensamiento son las dos potencias del cine que hacen de él un vehículo adecuado para acometer algunas tareas intelectuales como la educación médica o la reflexión sobre los grandes temas de la medicina que socialmente preocupan en el tiempo actual.

Blade Runner
Dirigida por Ridley Scott en 1982, la película Blade Runner ofrece un buen ejemplo de lo dicho anteriormente. En ella, pensamiento y emoción se unen para renovar, en un ambiente futurista, una vieja cuestión de la antropología romántica, la relativa a la distinción entre el hombre natural y el creado por la ciencia.
En el filme, la diferencia se establece por medio de la aplicación de un “test de empatía”, que recibe el nombre imaginario de “Prueba de Voight-Kampff” y que está directamente basado en el experimento de la asociación de palabras de Carl Gustav Jung.

En esencia, el test consiste en someter al examinando a una batería de estímulos verbales de variada resonancia psicológica, mientras se estudia en él la aparición o no de una reacción vegetativa determinada (en este caso, la modificación del diámetro de la pupila) que, a su vez, revele la presencia de una emoción profunda desencadenada por un estímulo concreto.

Sólo los seres humanos genuinos serían capaces de experimentar un movimiento interior de empatía ante ciertas situaciones. Por el contrario, aquellos otros seres creados por la ingeniería genética (llamados replicantes en la película) no podrían conseguirlo ni simularlo siquiera.

¿Qué es lo específicamente humano? Esta es la gran pregunta que el largometraje plantea. Y a la que responde con algún atrevimiento: aquello cuya carencia impide nuestra condición humana no es la razón ni el lenguaje sino la empatía.

Continua en siguiente post.

Fuente: http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=63047

martes, 5 de enero de 2010

SANDRO..."No me obligues a decirte adios"



Es dificil decir adios
cuando se ha recibido tanto.

Un hombre hecho de Pasión
Siempre cantandole a la Vida
Al Amor
Regalando sueños hermosos
Instantes inolvidables
Sandro Sandro Sandro

TU MUSICA VIVIRÁ POR SIEMPRE
5 de enero del 2010



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Acercándonos a quienes hacen de la discapacidad, una fuente de motivación...

Erik Weinhenmayer
Deportista invidente, escaló el Everest, hasta llegar a su cima

Erik tiene 36 años, quedando completamente ciego a los 13 años. Sin embrago, la ceguera no fue un impedimento para llegar a ser uno de los atletas más exitosos del mundo. Dentro de las actividades que practica podemos destacar: esquí, parapente, bicicleta y escalador, logrando llegar a la cima de las llamadas "7 cumbres más altas del mundo", entre ellas el "Everest", quién lo conquistó un día 25 de mayo del 2001, convirtiéndose ello en un hito histórico...."primer deportista ciego llega a la cima de Everest". Erik no solo práctica deportes sino que también se ha dedicado a escribir, "Touch the Top of the World ("Tocando la cima del mundo"), su primer libro, fue traducido en cinco idiomas, vendiendo más de 200 mil copias. El arte de la escritura le quedó gustando, hoy se ha embarcado en su segundo libro "Climbing Blind" ("Escalando a Oscuras"). Su fama y reconocimiento han traspasado fronteras, además, que su historia sirve de ejemplo y motivación tanto para personas ciegas y videntes.

Algunos fragmentos de una entrevista:

P - La magnífica vista en la cima de una montaña es la mayor recompensa para los montañistas. ¿Por qué escalas si no puedes disfrutar eso?
R - La gente siempre trata de subir un cerro de la manera más difícil posible, por lo tanto buscan mucho más que la vista. Yo escalo porque me divierte averiguar cómo llegaré a la cima. Con respecto a la vista, yo percibo lo que pasa arriba a través de mis manos y oídos. Cuando estoy escalando, siento las rocas y el hielo en mis manos, el terreno bajo mis pies y la emoción en mi cuerpo que me genera el poder moverme por mi cuenta.

P - ¿Es más difícil enfrentar la montaña o la gente diciendo que no lo lograrás?
R - A veces, la peor parte de escalar es superar tus propios miedos y las dudas sobre ti mismo. La gracia está en encontrar el equilibrio entre el miedo y la esperanza, sin dejar que las críticas cambien tu percepción de las cosas.

P - ¿Intentas probar algo con todo lo que haces?
R - No lo pondría así. Yo no intento probarme, sino que me da pánico no hacer nada con mi vida, no encontrar el potencial que tengo y el que tienen otros.

P - ¿Y cuál será el próximo desafío a vencer?
R - Lograr que otros ciegos descubran su potencial . En muchos países subdesarrollados, donde no hay muchas oportunidades, los no videntes quedan a un costado del camino. Acabo de volver de Tíbet, donde llevamos a seis niños ciegos a escalar. Los llevamos hasta casi 7.000 metros y creo que es lo más alto que ha llegado un ciego, además de mí. Fue un viaje muy bonito y creo que les abrió algunas oportunidades, por lo menos para que piensen acerca de su propio futuro en términos de lo que puede hacer un ciego.


Diario EL MERCURIO, Chile. Revista En Viaje. (5 de Diciembre 2004.)