jueves, 23 de octubre de 2008

¿ARTE Y DISCAPACIDAD?

Por:
Mª Jesús Herreros de Tejada Perales
Directora del Museo de Historia y Cultura
“Casa Pedrilla”


De nuevo me enfrento al tema que nos une en estas jornadas. El pasado año intenté expresar mi opinión sobre una idea cuestionable ¿se puede hablar de arte como algo diferente en la discapacidad?

Creo recordar que llegué a la conclusión de que para ser artista, de que para el arte, para crearlo, sentirlo y vivirlo, lo que menos importan son los inconvenientes funcionales, pues lo que realmente afecta es la actitud del espectador o del creador ante lo que tiene a su alrededor, su capacidad perceptiva del entorno, que nada tiene que ver con una discapacidad física.

Recuerdo que hablé del ruido, de las emisiones brutales y constantes, de las interferencias continuas a las que estamos sometidos.
Y por este camino voy a seguir, centrándome en una figura, en un gran artista que libre de este entorno ruidoso por padecer sordera, y al que además le faltó la palabra, fue capaz de transmitir un rico mundo interior, el cacereño EULOGIO BLASCO LÓPEZ, conocido por todos como “El mudo”:

Eulogio Blasco sintió la necesidad del arte, primero como creador sacando la riqueza y la habilidad que había en él, y después como medio fundamental de contactar con el exterior, con el espectador.

La sensibilidad del artista, el aprendizaje y su creatividad, hicieron que Eulogio Blasco (1890-1960) fuera un gran creador en su tiempo, polifacético de las artes: dibujo, pintura, repujado, grabado y escultura, con un estilo muy personal e innovador para la plástica que en su momento se producía en nuestra ciudad.
Su habilidad para tan diferentes expresiones artísticas ha servido para que, en un reconocimiento oficial, la Escuela de Bellas Artes de la Institución Cultural “El Brocense”, de la Diputación de Cáceres lleve su nombre, de la que fue profesor, y además un gran maestro.
Eulogio Blasco fue capaz de expresarse a través del arte, fue capaz de transmitir y fue aceptado.
Ante esto, creo que esta claro que no se puede hablar de arte y discapacidad. Cualquiera de los artistas que participan en esta convocatoria, crea su obra en función de transmitir un sentimiento, al igual que cualquier otro y tiene el mismo deseo de que llegue a los demás, y de que tenga ese reconocimiento, si no, no participaría en ella.

Cáceres, noviembre de 2005

Beneficios del arte en personas con discapacidad

Por AZUCENA GARCÍA
Fecha de publicación: 19 de febrero de 2008
Fuente : CONSUMER EROSKI

La pintura, la danza o el teatro son una excelente herramienta de comunicación que favorece la integración
El arte es un magnífico vehículo de expresión. Permite desarrollar la imaginación, potencia la autonomía y favorece la integración. Sus beneficios son indiscutibles y, por ello, se aprovechan para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.


La creatividad artística es un bien común. En mayor o menor medida, todas las personas son capaces de desarrollarla si encuentran el entorno adecuado. La Asociación Cultural Capacit@rte es una de las entidades pioneras en este campo. Su objetivo es potenciar la creatividad para mejorar la salud "en la medida de lo posible". "Está comprobado que la salud de las personas mejora cuando sus trabajos se exponen en galerías y, de alguna manera, su esfuerzo se ve reconocido", subraya Víctor López, director de Capacit@rte.

Esta asociación organiza talleres de pintura, fotografía, artes escénicas, cerámica, escultura o música, a los que acuden personas con y sin discapacidad. De esta manera, se facilita también la integración social a través del arte, ya que cada persona "aporta su ayuda, ilusión y conocimientos". "Esta aportación es muy enriquecedora, el contacto directo hace que los alumnos puedan establecer relaciones que, de forma gradual, consiguen una plena integración", explican en la entidad.

"La salud de las personas mejora cuando sus trabajos se exponen en galerías y, de alguna manera, su esfuerzo se ve reconocido"

Las personas que acuden a la asociación comparten inquietudes artísticas o creativas, pero además presentan, en su mayoría, alguna dificultad mental de naturaleza crónica o transitoria. No es necesario tener unas aptitudes o habilidades específicas. Se realizan actividades con artistas, personas interesadas, familiares, amigos y, en general, con todos aquellos que tienen interés en la creatividad, el arte y la cultura. El fin último es atender, a través del arte, la demanda de actividades de ocio y tiempo libre.

Profesionalización
El arte puede ser entendido como terapia o como educación artística. Al menos, ésta es la aspiración de la Fundación Igualarte. Según explica su presidenta, Cristina Lago, el objetivo es que "se empiecen a valorar las potencialidades de la persona, no su cociente intelectual". Se busca que la expresión artística se convierta en una salida profesional, en lugar de una terapia, para las personas con discapacidad. "Hay que empezar a entender que el arte forma parte de su vida", precisa Lago.

"Tienen que empezar a valorarse las potencialidades de la persona, no su cociente intelectual"

La Fundación Igualarte trabaja con personas que tienen necesidades educativas especiales o alguna discapacidad. Los alumnos y alumnas tienen "entre 2 y 50 años". Se organizan grupos por edades, se busca una metodología adecuada para cada grupo y se adaptan los materiales a sus necesidades, de manera que puedan vivir la plenitud del arte. Hay talleres de canto, baile, expresión corporal y teatral, educación musical y expresión plástica. Los alumnos y alumnas pasan por todas estas disciplinas antes de decidirse por una.
En total, la formación dura varios años, por lo que el objetivo es que la Fundación sea reconocida como escuela artística para que quienes acuden a ella puedan obtener un título o formar una compañía profesional. En definitiva, se trata de que el arte emocione y no deje indiferente a nadie, "pero por el arte en sí mismo, no porque lo realizan personas con una discapacidad", recalca Cristina Lago. "Hay personas que no pueden tocar con la mano, pero tocan con la barbilla o con un pie y hacen música igual", añade.

Síndrome de down: Las personas con síndrome de down tienen un don especial para el arte. Sobre todo, destacan en danza y en pintura. Sus dibujos se caracterizan por colores muy brillantes y líneas simples, mientras que en el baile "no son Nureyev, pero el resultado es muy satisfactorio", apunta Víctor Ruiz, responsable de Arte Down. Con sus propias singularidades, conforman todo un universo artístico.

Las personas con síndrome de down pintan lo que ven, tal y como lo ven. Sus creaciones son directas, muy emocionales y positivas. Incluso algunas han encontrado una salida laboral a través del arte. "Varias empresas ya nos han comprado algunos cuadros", revela Ruiz. La finalidad es mantenerse en este camino para que las ventas sean una fuente importante de motivación, que mejore las posibilidades de inserción laboral.
Los cuadros que pintan las personas con síndrome de down les permiten expresarse mediante su creatividad y expresividad "porque viven mucho tiempo incomunicados". Además, la Fundación Síndrome de Down de Madrid organiza clases de bailes de salón, cursos de pintura, literatura y manejo de ordenador para fomentar la socialización y que aprendan a navegar por Internet, por ejemplo, "como cualquier otra persona". Se trata de ocupar su tiempo de manera útil y facilitarles el acceso a aquellas disciplinas que más les gustan.

"Hemos creado un nuevo estilo: el arte down"

En este sentido, el teatro es un arte por el que sienten "verdadera fascinación", según Ruiz. Les atrae el reconocimiento social, la presencia del público y los aplausos, pero además les anima a poner a prueba su capacidad de esfuerzo. Si bien les cuesta más memorizar, saben potenciar con maestría otras capacidades. "Hemos creado un nuevo estilo: el arte down", concluye Ruiz.

Contactos:
Asociación Cultural Capacit@rte 950 082 010
Fundación Igualarte 986 117 370
Fundación Síndrome Down de Madrid 913 105 364
Arte Down http://www.artedown.com/

Desde Sevilla : Danza y discapacidad intelectual

La Compañía Danza Mobile es una compañía de danza sevillana que viene funcionando desde 1996, con la particularidad de incorporar en sus producciones a bailarines con discapacidad intelectual, los cuales se forman en el Centro de Artes Escénicas “Danza Mobile”. Como tal ha producido 11 espectáculos.

En un principio, la Compañía de Danza nació con la intención de ser un escaparate donde mostrar que toda persona tiene derecho a subirse a un escenario sí tiene algo que decir y posee la preparación necesaria para hacerlo. La compañía se funda también con miras a una salida profesional del alumnado del Centro de Artes Escénicas. Pero más allá de esto, el objetivo fundamental que promovió su creación fue el de introducir a una Compañía de Danza, que trabaja con personas con discapacidad intelectual, en los circuitos normalizados de danza, con la intención de que, público, crítica y mercado, valoraran su calidad artística al margen de su discapacidad.

(..) y gracias a la aportación profesional de artistas de reconocido prestigio que se han atrevido a romper el pudor que provoca trabajar con personas discapacitadas a un nivel profesional, la Compañía Danza Mobile ha podido crecer en la calidad artística de sus espectáculos, hasta el punto de gozar hoy en día del reconocimiento de su alta calidad artística, dentro de los circuitos normalizados de danza.



Fuente: http://www.danzamobile.es
info@danzamobile.es · danzamobile@danzamobile.es
Sevilla teléfono y fax (+34) 954 378 816

domingo, 19 de octubre de 2008

Y pinté la puerta...y me libré del abandono…

Esta vez…
no encontré mejor manera de presentar a Olivia que...
traer hasta aquí las líneas que siguen y que además,
son reveladoras del alma y corazón de esta maravillosa persona.
Olivia se une desde hoy al equipo de arte y discapacidad, por esos encuentros fortuitos que a veces regala la vida. Y que nos traen siempre más de una maravillosa sorpresa…

Bienvenida Olivia!
*****************
Septiembre 22, 2008
A pesar de vivir cerca del mar, desde las ventanas de mi casa no se vislumbraba ningún paisaje y la puerta era una puerta que se cerraba y que se abría a una calle sin interés. La pintura tiene el don mágico de crear a través del vacío una perspectiva y una línea de horizonte lejana… Y pinté la puerta.
De la misma manera que podemos transformar limitaciones en oportunidades, también podemos transformar espacios cerrados en nuevos horizontes. Este símbolo se adapta a cualquier otro aspecto de nuestras vidas. Es una alquimia… Transformamos al vacío en formas, de la misma manera que transformamos al sufrimiento en sabiduría.
¿Porqué no?





Octubre 8, 2008
Como ya he escrito antes, tengo una perdida auditiva muy profunda, una otosclerosis progresiva que me ha llevado poco a poco al silencio total. Es una larga historia que empezó con mis 14 años, cuando descubrieron que no escuchaba nada del oído izquierdo…porque ni yo me había dado cuenta!.
Me operaron y escuché durante unos años normalmente pero la otosclerosis siguió avanzando hasta dejarme nuevamente en el silencio de ese oído. Hubo una segunda operación pero fracasó y luego empecé a perder paulatinamente la audición en el oído derecho.
Los aparatos auditivos ayudaron a mantenerme comunicada pero año a año he ido comprando aparatos más potentes ya que la otosclerosis seguía avanzando.
Al quedarme un 10% de audición la progresión se estancó y aprendí a codificar los sonidos a través de un aparato digital, con el cual casi no escuchaba los sonidos de fondo pero lograba entender bastante bien la palabra, que completaba con la lectura labial.
En febrero del año 2007 mi vida dio un giro y quedé en el silencio absoluto durante un año completo. Todo ello por causa de un baño de vapor, algo tan estúpido e intrascendente. Pues si, me invitaron inocentemente a este baño de vapor relajante y me entró agua dentro de la trompa del oído hasta el día de hoy.
He ido a miles de médicos y he hecho otros miles de tratamientos, también me perforaron la trompa con láser para quitar el agua pero nunca más volví a escuchar lo poquito e indispensable que yo escuchaba antes.
Me sentía muy frustrada y muy angustiada, no podía entender como esto me había pasado, quería volver en el tiempo, dar la media vuelta y no entrar en ese cuarto lleno de vapor.
Decidí luchar contra el aislamiento y busqué una profesora de pintura. Siempre había querido estudiar pintura y tuve la suerte de conocer una grande maestra y un ser humano maravilloso. Ella y sus alumnas me han acogido con muchísimo cariño, su taller se volvió mi segunda casa.
Y como son las cosas… una alumna me habló de un médico y lo fui a ver. Fue mi segunda salvación ya que este médico es el mejor cirujano de implantes cocleares en Argentina y también es muy humano.
Pasado mañana, jueves 9 de octubre, él me va a hacer el implante en el oído izquierdo y eso puede cambiar mi vida radicalmente.
Fue una decisión difícil de tomar pero el silencio me dio el impulso.
Al poco tiempo de conocer al medico, lo volví a ver con mucha angustia, para decirle que el silencio me estaba volviendo loca y él me presentó la psicóloga de su equipo…otro salvavidas. Ella me explicó que lo que me pasaba era de lo más normal y propuso que pinte mi angustia, una forma de liberarme de ella, de expresarla, de enfrentarla, de aceptarla… y eso hice en el taller.
Pinté niños abandonados en el submundo urbano. Una de las niñas pide, los otros dos aspiran pegamento y la otra come ansiosamente. Le puse de nombre Abandono.
No sé porque pinté eso, yo tenía otra idea en mente… fue un “vómito”… Así me sentía yo…abandonada, en un espacio infinitamente silencioso.
Estos niños muestran la parte cruda de la realidad brasileña, no he necesitado ver ninguna foto para dibujarlos ya que los tengo grabados en mi mente. En ese país los contrastes andan juntos y nadie puede esconder su vista de la miseria…
Esta acuarela cuenta un momento personal que pasó y no volverá…Infelizmente también muestra una realidad que todavía sigue existiendo.
…A propósito… mi maestra se llama Marcela Baubeau y la pueden ver a través de su enlace, espero que lo disfruten
Hasta pronto!
Olivia Castro Cranwell

¿Por qué no? Olivia…tienes TODA la razón…

Muchas veces nos empeñamos en crear nosotros mismos puertas de espacios cerrados con paredes invisibles…y a veces hasta olvidamos que “hay una llave”…y que la tenemos en “nuestras manos” …

Quizá, esto ocurra, cuando olvidamos que
la vida esta dentro si…
pero también y sobre todo, esta en el encuentro con el Otro…
donde la posibilidad…extiende sus dominios
y donde podemos recordar nuevamente que aun tenemos capacidad de sorprendernos…y redescubrir que todavía no conocemos todo de nosotros mismos…que no todo en nuestras vidas está dicho…que la posibilidad de cambio siempre existe.

Y que “eso” …
se da al andar…y sentir plenamente cada paso
se da en cada encuentro…
en la posibilidad de reinventarnos cada día.

Transformando como tú bien dices…“al vacío en formas, de la misma manera que transformamos al sufrimiento en sabiduría”.
Un abrazo

LiebiMoi
Octubre 19, 2008 a 5:39 pm
 
Te invito a visitar su web

jueves, 16 de octubre de 2008

Punto de vista del ciego

A partir de testimonios directos, retomando una prolongada discusión filosófica y relevando casos de personas que recuperaron la vista, la autora muestra que “el ciego es capaz de reconstruir todo cuanto del espacio nos procura la visión”.
Final del formulario
Por CRISTINA OYARZABAL *
¿Cómo imaginan los ciegos? ¿Cómo sueñan? La experiencia con sujetos ciegos me permitió vislumbrar que el ciego no está privado de nada; que a un ciego que nunca vio le sea dada la vista es un deseo de quienes vemos, no de aquel que nació privado de la luz. Ante la pregunta sobre si estaría contento de tener ojos, Nicholas Saunderson, un célebre matemático ciego del siglo XVI, contestó: “Me gustaría igualmente tener brazos largos; me parece que mis manos me informarían mejor sobre lo que pasa en la luna que sus ojos o sus telescopios; además, los ojos dejan de ver antes que las manos de tocar. Sería mucho mejor, entonces, que perfeccionaran en mí el órgano que tengo, antes que concederme el que me falta” (narrado en 1749 por Denis Diderot, en su irónicamente titulada Carta sobre ciegos para uso de los que ven, ed. El cuenco de plata). Saunderson, profesor de óptica, jamás vio la luz. Sin embargo, la imaginó, y construyó una imagen del universo. Esto emocionó inmensamente al joven Diderot, quien, habiendo conocido personalmente al ciego ilustre, afirmó que los ciegos pueden construir un mundo suficiente y no sienten sensación de insuficiencia alguna. Para Diderot, “el interés de los filósofos por la mentalidad de los ciegos no es humanitario sino abstracto y central en toda teoría del conocimiento: el pasaje de la sensación al juicio”.
La ceguera, como privación de la luz, aparece ominosa al mundo de los videntes. Como significante, metaforiza las innumerables formas de la estupidez: la pretensión, el alarde, la vanidad. Tanto para las lenguas antiguas como para las modernas es metáfora de debilidades físicas y psíquicas.
La etimología indoeuropea del término “ciego”, antes que la privación de la luz, evoca la sombra (Bril, J: “Ascendencia indoeuropea de los vocabularios relativos a sombra y ceguera”, en Entre dos mundos. Revista de traducción sobre discapacidad visual, Nº 27, de la ONCE, Organización Nacional de los Ciegos de España, Madrid, 2005). Compromiso entre la luz y la oscuridad, la sombra atestigua la ambivalencia semántica, se atreve a nombrar la ceguera bajo una cierta atenuación. En rigor, la monoftalmia, el hecho de ver con un solo ojo, dio origen a las raíces a partir de las cuales nuestras lenguas se atrevieron a nombrar la ceguera. Transacciones semánticas consistentes en movilizar raíces que en primer lugar significan, no la opacidad, sino la semitransparencia de la nube o del humo. Modos imaginarios de desdramatización lingüística en las lenguas indoeuropeas: ¿temor o pudor ante la calamidad del no ver? ¿Intento mágico de conjuro del drama íntimo que resulta para el sujeto? Estas lenguas siempre se guardaron muy bien de nombrar la ceguera con precisión. En la lengua griega, la raíz correspondiente a “humo” está ligada con “ciego”, y está igualmente en el origen de una red semántica sobre la oscuridad, tanto del espíritu como del cuerpo: “polvo”, “suciedad”, “mancha”, “noche”, “negro”, “espanto”.
Sin embargo, la oscuridad, al menos como nosotros la imaginamos, no parece estar presente en el mundo de los ciegos. Una joven, ciega congénita, imagina personas rubias o morenas por el sonido de sus voces. Otra, ciega desde niña, sostiene que llamar oscuro a su mundo no es apropiado: ella ve “nada”, dice. Es una sensación, dice, imposible de explicar.
Diderot y otros filósofos procurarán resolver la cuestión del pasaje de la sensación al juicio investigando las reacciones de un ciego que recuperase la vista. Ya a principios del siglo XVIII, William Molyneux había propuesto la siguiente cuestión: supongamos un ciego de nacimiento a quien se le haya enseñado a distinguir, por el tacto, un cubo y una esfera del mismo metal e igual volumen, de modo que al tocarlos pudiera decir cuál es el cubo y cuál la esfera. Si ese ciego llegase a ver ¿podría diferenciarlos sin tocarlos? John Locke sostuvo, como el mismo Molyneux, que el ciego no los distinguiría porque no sabe que aquello que afecta su tacto de tal o cual manera debe impresionar a sus ojos de tal o cual modo. En contraposición, Condillac intentó demostrar que, si el ciego de nacimiento logra ver, discernirá cuerpos y figuras; si su juicio vacila se deberá a razones metafísicas.
Planteo a una joven ciega de nacimiento la hipótesis de Molyneux. Me sorprende su categórica respuesta: “¡No!”. Ella sería incapaz de distinguir un cubo y una esfera por la vista. “¿Por qué?”, le pregunto. “Porque no sé qué es ver.”
Según Diderot, ambas posiciones tienen parte de razón: hace falta tiempo para que el ojo se vuelva experto.
Hay distintos ejemplos con respecto a la construcción del espacio en ciegos congénitos. Históricamente célebre es un caso del cirujano William Cheselden, en el siglo XVIII: el paciente, luego de ser operado de cataratas, no distinguió por mucho tiempo tamaños, distancias, situaciones, ni siquiera figuras; anduvo, digamos, a ciegas durante dos meses. Todos los pacientes descritos en la literatura sobre el tema encontraron, tras la operación, dificultades para percibir el espacio y la distancia que se prolongaron meses o años. Oliver Sacks (Un antropólogo en Marte, ed. Anagrama) presenta varios testimonios. Tres pacientes, nacidos ciegos, fueron operados aproximadamente a los 50 años. Uno de ellos, al poco tiempo, fue llevado por su neurólogo al Museo de la Ciencia de Londres para que viera una magnífica colección. Ante una pieza exhibida en una vitrina de cristal, fue incapaz de decir de qué se trataba: le pidieron al guardia del museo que abriera la vitrina y se le permitió al paciente tocar la pieza; la recorrió ávidamente con los dedos, cerrando los ojos. Entonces retrocedió un poco, abrió los ojos y dijo: “Ahora que la he tocado, puedo verla”.
Otro paciente, citado por Sacks, relata que, cuando le quitaron los vendajes, oyó una voz: se volvió hacia la fuente del sonido y vio una “mancha”. Comprendió que debía de ser una cara. No habría sabido que era una cara de no haber oído previamente la voz y de no haber sabido que las voces procedían de las caras. Durante esas primeras semanas siguientes a la operación, no percibía la profundidad ni la distancia; las luces de las calles eran manchas luminosas pegadas a los cristales de las ventanas, y los pasillos del hospital, agujeros negros. Este paciente decía que, antes de la operación, tenía una idea completamente distinta del espacio; sabía que un objeto podía ocupar sólo un lugar identificable al tacto. Sabía también que si al andar había un obstáculo, como un escalón, se presentaba después de cierto período de tiempo, al cual él estaba acostumbrado: tras la operación, aun después de muchos meses, ya no pudo coordinar las sensaciones visuales con la velocidad de su paso. Le resultaba muy difícil coordinar su visión con el tiempo necesario para cubrir la distancia; si el paso era demasiado lento o demasiado rápido, tropezaba.
Otro paciente dijo que andar sin su bastón lo confundía, pues su apreciación del espacio y la distancia era incierta e inestable. A veces las superficies u objetos le parecían amenazantes, como si estuvieran encima de él, cuando de hecho se hallaban a bastante distancia; a veces lo confundía su propia sombra (toda la noción de sombras, de objetos bloqueando la luz, lo dejaba perplejo) y se detenía o daba un traspié o intentaba pasar por encima de la sombra. Las escaleras eran particularmente riesgosas, ya que sólo veía una confusa superficie plana de líneas paralelas y líneas que se entrecruzaban: no podía verlas como objetos sólidos que subían o bajaban en un espacio tridimensional.
Estos pacientes, al principio, habían sido incapaces de reconocer visualmente ninguna forma, ni siquiera algunas tan simples como el cuadrado o el círculo, que al tacto reconocían rápidamente. Tocar un cuadrado no se correspondía en absoluto con ver un cuadrado. Esa fue la respuesta a la pregunta de Molyneux.
El neurobiólogo Juan Cuatrecasas (El hombre, animal óptico, Eudeba) define al hombre como un animal geométrico; sostiene que la función visual, la proyección de las imágenes, es el soporte de nuestro pensamiento; nuestra mentalidad se basa en la óptica. Y advierte que esta función también está presente en los ciegos. Respecto del ciego de nacimiento, sostiene que sólo carece de referentes externos tales como la visión de los colores, que es al fin y al cabo un hecho secundario, un fenómeno de matización de las imágenes que no resulta indispensable para su percepción. Y para imaginar no resulta necesaria la experiencia retiniana, ya que la elaboración de las imágenes es función de la más alta esfera sensorial óptica, autónoma con respecto al órgano de la visión.
Algunos autores, por desconocimiento de las funciones ópticas corticales y subcorticales, al confundir la fisiología ocular periférica con la psicofisiología de los centros encefálicos relacionados con la visión, sostuvieron que los ciegos no pueden concebir el mundo en forma semejante a quienes ven, porque sólo tendrían acceso al concepto de un espacio táctil derivado de las imágenes focalizadas en las yemas de los dedos. Sin embargo, la supuesta suplencia táctil del ciego sólo es parcial. Las percepciones táctiles pronto se desprenden de sus caracteres específicos, tales como presión, temperatura y movimiento, al ser centralizadas e interpretadas por el sistema nervioso para suministrar las matrices de forma y espacio que los centros corticales transforman en sensaciones espaciales.
Existe una percepción de la espacialidad a la que concurren, además de la visión, diferentes sentidos, especialmente el tacto y el sentido kinestésico, pero los sentidos no determinan por sí mismos la percepción del espacio. Los datos obtenidos a través del tacto son interpretados rápidamente para situar el objeto palpado en proyección espacial, porque el ciego, tal como aclara Lacan (Seminario 11, “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”, Paidós. Buenos Aires), opera con la “visión geometral”, es decir, la visión situada en un espacio que no es, en su esencia, lo visual: la luz parece darnos el hilo que nos une a cada punto del objeto, pero el hilo no necesita de la luz; sólo necesita estar tenso. Por eso, el ciego puede seguir las demostraciones geométricas. Puede palpar, por ejemplo, un objeto de una altura determinada; siguiendo el hilo, aprende a distinguir con la punta de los dedos, en una superficie, una determinada configuración que reproduce la demarcación de las imágenes, exactamente, como en óptica pura imaginamos las correspondencias entre puntos en el espacio. Ya Diderot sostenía que el ciego supone un rayo de luz como un hilo elástico y delgado, o como una serie de corpúsculos que golpean nuestros ojos a una velocidad increíble, y calcula en consecuencia. En la misma época en que René Descartes inauguró la función del sujeto, se desarrolló la óptica geométrica, que está al alcance de los ciegos, ya que es asunto de demarcación del espacio, no de la vista.
El ciego puede concebir que el espacio puede percibirse a distancia y simultáneamente. Le basta con aprehender una función temporal, que es la instantaneidad. El ciego es capaz de dar cuenta, de reconstruir, imaginar, todo cuanto del espacio nos procura la visión. Esto nos permite vislumbrar cómo el sujeto, no importa si es ciego, está atrapado, capturado en el campo de la visión.
Diderot narró su diálogo con una joven ciega:
“Señorita, imagine un cubo”.
“Bien.”
“Imagine un punto en el centro del cubo.”
“Ya está.”
“Trace líneas rectas desde ese punto a los ángulos; entonces, habrá dividido el cubo...”
“...En seis pirámides iguales –agregó por sí misma–, cada una de ellas con las mismas caras, la base del cubo y la mitad de su altura.”
“Es cierto, pero ¿cómo lo vio?”
“En mi cabeza, como usted.”
* Extractado de una serie de trabajos aparecidos en la revista Psyché Navegante (www.psyche-navegante.com)

domingo, 12 de octubre de 2008

Arte y "locura"...



El artista y el loco tienen grandes similitudes: el loco está fuera de la realidad fuera d e lo común; el loco no se inhibe delante de nadie y e artista es alguien que se ha vuelto auténtico; el loco parece no tener sentimientos y el artista ha aprendido a controlar y a direccionar sus sentimientos; el loco está contento sin una razón y el artista sabe como estar contento haciendo cosas sin razón aparente.
La razón para esto es que el loco vive fuera del tiempo. El artista vive el mañana. Las personas comunes viven el pasado. Esto se prueba al mirar las obras que fueron concebidas siglos atrás y que todavía actualmente son muy apreciadas.
Si realmente el artista es un loco, o posee un estado de salud que la mayoría no percibe, no importa. Lo importante es que él vive y esto es más que meramente existir.

Vilmar Braga

PINTOR EN TINIEBLAS

Una mañana estaba en la cama leyendo, cuando de pronto sentí dentro de mi cabeza un brillante destello. El libro que leía desapareció de mi vista. El cuarto mismo desapareció, y me encontré encerrado en una cámara oscura. Debía haber esto preparado para ello, ya que el glaucoma me había robado la visión de un ojo y los médicos me habían advertido que el otro estaba afectado; mas yo pensaba que esa amenaza jamás me alcanzaría.

Con 62 años de edad, sin parientes cercanos, sin hogar establecido, me encontré solo, sumido en tinieblas.

Como había servido un tiempo en la milicia, tenía derecho a una pensión por incapacidad total, pero fuera de esto no tenía otros recursos ni sitio alguno donde ir.

Pensé que podría dedicarme a escribir y puse un anuncio en el que explicaba que era ciego y que necesitaba una persona que tome apuntes por mí. Recibí 40 llamadas y escogí a la muchacha que tenía la voz más dulce. Estoy seguro de que al principio ella solo se compadecía de mí, mas la compasión se tornó en amor, y al cabo de un tiempo nos casamos.

Fracasé en mis esfuerzos de escritor y a veces, cuando mi mujer trataba de confortarme, me irritaba y acababa por reñirla violentamente.

Cierto día, después de una de estas escenas, me dijo con toda paciencia: "Voy a salir un rato. Aquí tienes lápiz y papel, por si quieres hacer algunas notas".

Me quedé pensando qué podría hacer a manera de reparación por mi mal proceder. Con el lápiz hice una señal en el cuaderno de apuntes y sobre ella pasé suavemente los dedos. Las yemas se me habían hecho más sensitivas y sentía nítidamente la huella del lápiz. Qué lástima, pensé, no haber aprendido nunca a dibujar, pues por lo menos habría podido hacer un dibujo para mi mujer. Vamos, me dije, nada se pierde con ensayar. Cuando mi esposa volvió y le mostré mi obra, se quedó un rato en silencio, y al fin preguntó:

¿Quién ha hecho esto? -y cuando se lo dije, observó. Cualquiera que lo vea dirá que no eres ciego.

Desde ese momento día tras día trabajaba en mis dibujos, cometí muchísimos errores, pero eso me estimulaba, porque el hombre solo tienen conciencia de vivir cuando vence las dificultades. A menudo, cuando trataba de escoger un tema, se me hacía difícil evocar con nitidez una imagen. Me preguntaba entonces por qué había sido yo tan ciego antes de quedarme ciego, y me daban ganas de gritarles a los que tienen la dicha de ver: ¿Aprovechen los ojos! ¡Capten la belleza que los rodea, guárdenla en su recuerdo, nunca la pasen por alto!

Estos últimos años han pasado rápidamente. He hecho en total más de 900 dibujos, de los cuales algunos he vendido y muchos otros he regalado. Mi esposa y yo tenemos un hijo de dos años de edad. Me siento vivo de nuevo porque siento que mi vida ha tenido un propósito, el de demostrar que nuestras limitaciones nunca son tan definitivas como en un principio nos parecen. Podrán descorazonar a un individuo y aun hacerle perder el deseo de seguir viviendo; pero si logra mantenerse a flote, algo en su interior le alentará a buscar una nueva vida y a encontrarla.

C. W. E. Jordán.

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Acercándonos a quienes hacen de la discapacidad, una fuente de motivación...

Erik Weinhenmayer
Deportista invidente, escaló el Everest, hasta llegar a su cima

Erik tiene 36 años, quedando completamente ciego a los 13 años. Sin embrago, la ceguera no fue un impedimento para llegar a ser uno de los atletas más exitosos del mundo. Dentro de las actividades que practica podemos destacar: esquí, parapente, bicicleta y escalador, logrando llegar a la cima de las llamadas "7 cumbres más altas del mundo", entre ellas el "Everest", quién lo conquistó un día 25 de mayo del 2001, convirtiéndose ello en un hito histórico...."primer deportista ciego llega a la cima de Everest". Erik no solo práctica deportes sino que también se ha dedicado a escribir, "Touch the Top of the World ("Tocando la cima del mundo"), su primer libro, fue traducido en cinco idiomas, vendiendo más de 200 mil copias. El arte de la escritura le quedó gustando, hoy se ha embarcado en su segundo libro "Climbing Blind" ("Escalando a Oscuras"). Su fama y reconocimiento han traspasado fronteras, además, que su historia sirve de ejemplo y motivación tanto para personas ciegas y videntes.

Algunos fragmentos de una entrevista:

P - La magnífica vista en la cima de una montaña es la mayor recompensa para los montañistas. ¿Por qué escalas si no puedes disfrutar eso?
R - La gente siempre trata de subir un cerro de la manera más difícil posible, por lo tanto buscan mucho más que la vista. Yo escalo porque me divierte averiguar cómo llegaré a la cima. Con respecto a la vista, yo percibo lo que pasa arriba a través de mis manos y oídos. Cuando estoy escalando, siento las rocas y el hielo en mis manos, el terreno bajo mis pies y la emoción en mi cuerpo que me genera el poder moverme por mi cuenta.

P - ¿Es más difícil enfrentar la montaña o la gente diciendo que no lo lograrás?
R - A veces, la peor parte de escalar es superar tus propios miedos y las dudas sobre ti mismo. La gracia está en encontrar el equilibrio entre el miedo y la esperanza, sin dejar que las críticas cambien tu percepción de las cosas.

P - ¿Intentas probar algo con todo lo que haces?
R - No lo pondría así. Yo no intento probarme, sino que me da pánico no hacer nada con mi vida, no encontrar el potencial que tengo y el que tienen otros.

P - ¿Y cuál será el próximo desafío a vencer?
R - Lograr que otros ciegos descubran su potencial . En muchos países subdesarrollados, donde no hay muchas oportunidades, los no videntes quedan a un costado del camino. Acabo de volver de Tíbet, donde llevamos a seis niños ciegos a escalar. Los llevamos hasta casi 7.000 metros y creo que es lo más alto que ha llegado un ciego, además de mí. Fue un viaje muy bonito y creo que les abrió algunas oportunidades, por lo menos para que piensen acerca de su propio futuro en términos de lo que puede hacer un ciego.


Diario EL MERCURIO, Chile. Revista En Viaje. (5 de Diciembre 2004.)