miércoles 5 de mayo de 2010

Arte - Terapía

Ángela Becerra:

"Al despuntar el alba, cada amanecer sus dedos de pluma se deslizaban por el piano acariciando teclas, creando un diálogo íntimo de preguntas y respuestas. Frente a él, Aurora conjuraba sus tristezas; se sentía amada. Tocándolo decía adios a las rabias, a las penas, a las frustraciones; derribaba toda sus infelicidades. Sólo aquel instrumento era capaz de darle amor que ella deseaba y no tenía. Necesitaba vivir para tocar y tocar para vivir... Aquella pasión sonora desenhebrara de sus días pasiones inconclusas; le abría todas las mañanas el corazón a la vida sin esperar de nadie nada...
Viviendo porque sí, porque ella y su piano lo sentían."